VIRGINIA BEgINES

«África siempre supera tus expectativas, porque cuando te recoge, te abraza... y ya no te suelta»

Después de relatar sus muchos más de 19 días y 500 noches de alegrías y penurias, después de pasar hambre, la malaria y que su casa fuera un trozo de selva, ella nos dice que: «lo bueno siempre pesa más. Siempre».

Vero Moreno

Vero Moreno se recuerda a sí misma de pequeña soñando con pisar el continente africano y a sus 28 años, la bióloga palaciega ya ha vivido allí dos largas temporadas, la primera entre 2016 y 2017. Más adelante, desde noviembre de 2019 hasta julio de 2020. En la primera ocasión, trabajó en Senegal con el Instituto de Jane Goodall, para el estudio de chimpancés y en este mismo año, en la investigación de bonobos (un tipo de simio), con Max Planck Institute en República Democrática del Congo (RDC). Ahora, de vuelta a su tierra natal, que es la nuestra, nos lleva a través de sus experiencias a la realidad del continente africano, que ha vivido de primera mano.

– ¿Por qué elegiste África, qué esperabas o qué necesitabas?
La verdad es que desde que soy pequeña he dicho en casa que quería ir a África, supongo que por esos documentales de naturaleza pura. Vivir en un mundo diferente, lleno de animales, de verde…supongo que no quería conformarme con ver la fauna que tenemos aquí (que no es poca), pero comparada con África, con esos grandes mamíferos… Necesitaba sumergirme en ese mundo. 

– ¿Qué visión tenías del continente antes de ir y qué ha cambiado de esa perspectiva durante este tiempo? ¿O encontraste justo lo que esperabas?
El continente superó mis expectativas con creces. En un principio yo fui sobre todo por la fauna, pero me encontré un mundo tan… tan diferente al nuestro, que los animales quedaron en un segundo plano. Ya eran ellos y su cultura lo que me atrapaba. De repente, me encontré en medio de la nada rodeada de chozas y de gente que hablaba un idioma, que yo jamás había escuchado. Me vi en un mundo sin egoísmos. Cada vez que pasaba por una casa se escuchaba de fondo a algún miembro de la familia gritar “ari ñame” (ven a comer). Todos te ofrecían lo que tenían…y te aseguro que era muy poco.

– Cuéntanos un poco de tu aprendizaje en el campo de la investigación en Biología.
Siempre que he ido a África ha sido para trabajar en Primatología (con chimpancés y bonobos, principalmente). Es un sitio duro de por sí, aunque me encante. El calor, la presión, la humedad, las caminatas… No es un ambiente fácil, pero he aprendido mucho más de lo que un libro puede enseñarte. He tenido un bonobo sentado a mi lado. Hay que recalcar, un bonobo salvaje. Un chimpancé macho, que ya puedes imaginar el tamaño que tiene, a menos de cinco metros de mí. 

– ¿Qué te ha enseñado África de ti misma?, ¿qué te ha aportado esta experiencia como ser humano?
Uff… demasiado. África te enseña a valorar lo que tienes, cuando los ves a ellos siendo felices de esa forma, con una vida tan dura, es que te abre al alma. 

África también te enseña algo muy bueno… el tiempo no existe. Allí no hay prisa, tienen su propio ritmo. Tardas un poco en acostumbrarte o liberarte… pero cuando lo haces es maravilloso. La tranquilidad que te aporta es increíble.

También aprendí a conocerme, a estar conmigo y lidiar con mi cabeza. Pasamos por muchas presiones, muchos problemas, a veces no había comida… ocho meses encerrada en un trozo de selva. Llegué a pensar que me estaba volviendo loca, realmente lo pensé. Superé cosas externas e internas y eso me estaba enseñando mucho de mí y de lo que podía llegar a soportar. Me vacié y estaba preparada para volver a llenarme de cosas bonitas. 

 

«En África no existe el tiempo... tardas un poco en acostumbrarte. O mejor dicho, liberarte»

-¿Qué crees que tenemos que aprender de África, como cultura o como sociedad? 

En mi opinión, el tiempo y la generosidad. Nosotros tenemos mucho más de lo que necesitamos y no veo esa pureza en nuestras almas. Hay mucho egoísmo y competencia en este mundo. Estamos sobrealimentados y no solo hablo de comida.

-Háblame de la tierra que has visto y la gente que has conocido, ¿en algún momento sentías que estabas en otro mundo?

Absolutamente siempre. Y para bien. Su cultura y su forma de ver la vida es diferente. Y yo siempre me he sentido arropada por la gente. En Senegal tenía conexión con el mundo exterior y eso lo hacía todo más fácil. En RDC no había ni cobertura, estábamos completamente aislados. Te vuelve la cabeza un poco loca…Solo hay casas de paja y barro, tierra y paz. Era como vivir en un documental. Y todo tiene su parte dura eh.

Sobre el coronavirus, ¿cómo lo habéis vivido en aquella tierra?

Nos enteramos sobre febrero, por un visitante que teníamos, al que yo entendía poco porque tenía un acento inglés demasiado marcado… decía algo de un virus de China… poco más. Al tiempo, me enteré por mi familia, por un sistema de radio que teníamos como comunicación. Me parecía increíble. Ya divagábamos sobre el apocalipsis mundial y sobre que solo quedaríamos vivos los que estábamos en ese trocito de selva…jajaja.

La cosa se fue poniendo grave y empezamos a asustarnos. Pero todo era externo a nosotros. Que la Covid llegase a ese campamento, era prácticamente imposible.

-¿Para cuándo la próxima escapada? Jajaja

Pues de RDC casi acabo de llegar, necesito descansar. Habrá próxima escapada pero quiero que esta vez ya no sea por trabajo ni para largas temporadas. Pienso recorrerme África entera y tengo mucha vida para hacerlo.