Sandra B. Velázquez (@__sundra)

Discriminación lingüística del andaluz

Es tal la discriminación que sufre la lengua andaluza que muchas veces son lxs propixs hablantes lxs que se sienten avergonzadxs de ella e intentan cambiarla cuando viajan fuera de Andalucía.

Iniciativa de la página Habla tu andaluz @hablatuandaluz

“Semejante hemorragia agramatical, burbujeante puchero de anacolutos, agresiones al diccionario, luxaciones fonéticas y homenajes involuntarios a la parla de los sioux”.

Así es como un periodista se ha referido a la lengua que usa la ministra María Jesús Montero; así es como ha calificado este periodista al andaluz. ¿Es realmente la lengua que habla María Jesús Montero tan ininteligible a nivel gramatical, sintáctico, léxico y fonético, tal y como ha declarado ese periodista? Como estudiante de Filología, gusto de analizar todo aquello que leo y no he podido evitar alarmarme de cómo, en noviembre de 2020, el periodismo de este país sigue promoviendo esta visión tan discriminadora sobre nuestra lengua y sobre lxs andalucxs. Y digo lengua, sí; porque, aunque algunxs se empecinen en marcar diferencias entre lenguas, dialectos, hablas, etc. la realidad es que, como bien sabemos todxs lxs que estudiamos o hemos estudiado Lingüística, entre ellos no existen diferencias esenciales si atendemos a su naturaleza real; todos son sistemas lingüísticos que contienen unidades y reglas abstractas de complejidad y naturaleza similares. Se trata de un tipo de conocimiento que tenemos los seres humanos para manejar estructuras de información de carácter lingüístico. Independientemente de nuestra procedencia o de la lengua que hablemos, todos los mecanismos que se llevan a cabo en la mente del hablante para procesar y generar información lingüística son similares. Resulta lógico pues, a la vez que alarmante, entender que el hecho de que se prestigie cualquier variedad lingüística sobre otra insultando a la capacidad cognitiva de sus hablantes es una falacia fundamentada en suposiciones que denotan un alto nivel de ignorancia, o quizá de incomprensión, o de pedantería, o de despotismo… En otras palabras, dicha declaración habla más de quien la ha dicho que de la persona objeto de la crítica.

A propósito, me llama la atención la última comparativa, ¿está él comparando nuestra lengua con la de la comunidad sioux, es decir, es esta manera de calificar la lengua andaluza otro ataque colonizador sobre nuestra cultura? Es obvio que las lenguas sioux no son menos valiosas que cualquier otra, pues, como podemos comprender, cumplirán su función entre sus hablantes que compartirán las mismas reglas a nivel lingüístico. Igual que ocurre con cualquier otra lengua. ¿Tiene sentido entonces decir que existen sistemas lingüísticos que funcionan mejor que otros?

Que se siga prestigiando unos sistemas lingüísticos sobre otros para así cuestionar el valor profesional de cualquier persona me parece lamentable, y que en este caso lo siga haciendo alguien que, y cito desde su página web: “De pequeño se obsesionó con la sintaxis. Estudió Clásicas y Teoría de la Literatura en la Complutense”, me deja atónita. No llego a entender qué ha entendido esta persona sobre lo que significa la palabra “lengua” después de haber estudiado dicha carrera. Es algo que me llama muchísimo la atención viniendo de alguien a quien se le presupone haber estudiado Lingüística exhaustivamente.

Analizando parte del artículo en el que dicho periodista desarrolla su teoría discriminatoria (y digo parte ya que no he podido acceder a este, puesto que hay que ser “premium” para poder leerlo entero y una no es “premium”, y menos en ese “mundo”), me sigo preguntando: ¿Qué gana este individuo mofándose de nuestra lengua? ¿Está quizá pretendiendo complacer la línea editorial del periódico, dejando de lado sus nociones de Lingüística? Esa actitud me resulta tan penosa como peligrosa. ¿O es que la figura de la ministra daña su masculinidad y las de los dirigentes del periódico para el que trabaja? Eso daría para otro artículo.

Aunque lo más triste para mí no es eso, sino darme cuenta de que es tal la discriminación que sufre la lengua andaluza que muchas veces son lxs propixs hablantes lxs que se sienten avergonzadxs de ella e intentan cambiarla cuando viajan fuera de Andalucía, e incluso dentro de la misma comunidad también. Un complejo de inferioridad que lleva a lxs hablantes a refugiarse en rasgos con los que no se identifica imitándolos para así poder ser aceptadxs por aquellxs con quienes se comunica. Un tipo de escudo que no encaja pero al que se aferra para poder sobrevivir. Y ese escudo, aunque para algunxs sea difícil de admitir, queramos o no, pesa.

Me pregunto qué podríamos hacer para empezar a cambiar esto y darle valor a nuestra lengua, con sus seseos, sus ceceos y sus jejeos; con sus expresiones y su vocabulario… Creo que ya es hora de que reivindiquemos la lengua andaluza, estemos donde estemos, hablemos con quien hablemos, y entendamos que nada tiene que ver lengua con nivel cultural o inteligencia. Ya es hora de que nos comuniquemos sin reparos, para continuar enriqueciendo nuestra cultura andaluza y darle voz.