isabel serrano (@isabelsd99)

Culpables

Hemos sido nosotros, los jóvenes, quienes salimos a la calle para recordar que no hay planeta B, fuimos nosotras quienes teñimos las calles de morado, quienes empujamos hacia un mundo más feminista, quienes peleamos por la expulsión de las casas de apuesta de nuestros barrios.

A los jóvenes se nos exige, pero no nos dan y, me atrevería a decir, que tampoco nos escuchan. En esta época pandémica que nos ha tocado vivir nos han colocado en el foco y nos han puesto esta cruz de “culpables” que tanto nos cuesta quitar. Se nos exige una responsabilidad que, por ejemplo, brillaba por su ausencia en la fiesta del diario El Español donde acudieron varios ministros y políticos. Nos hablan de responsabilidad, pero olvidan que eran jóvenes quienes salieron a limpiar las calles después de que los grupos de extrema derecha las vandalizaran. Pero a las cámaras parece que les interesa más esa minoría ruidosa que decide saltarse las normas.

Los estereotipos son construcciones y tienen siempre una finalidad. Al igual que el estereotipo del “andaluz vago” sirve para expropiar todas las tierras y riquezas que se crean en nuestros campos o para desposeernos de toda soberanía política al no estar “lo suficientemente capacitados” para ejercerla, a los jóvenes se nos pone la etiqueta de irresponsables para enmascarar otras realidades de las que no interesa tanto hablar. España está a la cabeza en la tasa de paro juvenil con un 43,9% y nuestra Comunidad Autónoma supera esta cifra, colocándose en el 51,5%, pero no parece importar a nadie porque somos unos “irresponsables” que no tienen consciencia de la vida y matar a sus abuelos yendo de fiesta. Es más fácil echar la culpa de este desastre a los jóvenes vulnerables sin representación que a la falta de medidas que toman nuestros gobernantes, a la falta de rastreadores, a la pésima calidad de nuestra sanidad pública, al transporte público abarrotado o a las nefastas condiciones laborales de aquellos que tienen la suerte de trabajar.

No sólo el empleo golpea con más fuerza a los jóvenes. El problema del desempleo se relaciona con el problema a la independencia del núcleo familiar. Tan sólo un 26% puede tener un piso en propiedad. La combinación entre trabajos precarios y el elevado precio de la vivienda hace que cada vez se retrase más la edad de emancipación arrastrándonos a seguir en casa de nuestros padres o compartir piso hasta los 40. ¿Quién puede construir un proyecto de vida si ni siquiera puede pagar un alquiler completo? ¿cómo formar una familia si no sabes si el mes que viene seguirás en el curro? Los jóvenes estamos sufriendo una exclusión residencial, pero los medios prefieren hablar de “la moda” de compartir piso. La realidad: trabajos basura, alquileres que no paran de subir y familiares “subvencionando” la vida de los jóvenes.

A pesar de los índices de paro, de los trabajos precarios, de la lacra de las casas de apuestas, los obstáculos para acceder a la vivienda, los impedimentos para formar una familia, la criminalización de la juventud, los sistemas de becas impenetrable y el silenciamiento de nuestras demandas, hemos sido vanguardia y no hemos parado de dar lecciones de responsabilidad y compromiso. Hemos sido nosotros, los jóvenes, quienes salimos a la calle para recordar que no hay planeta B, fuimos nosotras quienes teñimos las calles de morado, quienes empujamos hacia un mundo más feminista, quienes peleamos por la expulsión de las casas de apuesta de nuestros barrios y quienes, sin descanso, no dejamos que sigan empeorando la calidad de la educación pública.

Nos seguirán tachando de irresponsables, seguirán olvidando e ignorando nuestras protestas y propuestas, pero seguiremos siendo un ejemplo de resistencia y nos dejaremos nuestra voz para que nuestras demandas se coloquen en el centro. No podemos permitir que nos sigan robando nuestros sueños, nuestros proyectos. Los jóvenes no somos un futuro que puede seguir esperando, somos el presente. Un presente que sufre y padece los estragos de un sistema que nos expulsa, pero que, sin descanso, seguiremos peleando por transformar.